La falta de necesidades básicas: Dejando a una generación en riesgo

Escrito por: Christie A.

Cuando conocí a Rebecca, era joven y estaba gravemente desnutrida. Ella y sus dos hermanos estaban al borde de la inanición. Su madre y su padre habían fallecido de tuberculosis, dejándolos huérfanos. Estos tres niños pasaron semanas con los vecinos, tratando de localizar a sus familiares e intentando sobrevivir. Las historias que compartían, de comer todo lo que encontraban para intentar que su estómago dejara de rugir, me destrozaron el corazón. Los meses venideros serían una larga lucha contra la desnutrición y la tuberculosis para los tres. Trabajando con nuestras Redes Locales de Atención pudimos intervenir y proporcionar una intervención oportuna para estos niños: comida, atención médica, un lugar seguro para dormir... mientras los traficantes se cebaban con la comunidad en la que estaban. 

Esta Red Local de Atención, y la gracia de Dios, cambiaron su historia.

Trabajando en comunidades con dificultades vemos que la comida y el agua son poderosas. Hasta que no se aseguren estas necesidades básicas, esa comunidad es vulnerable. En esta lucha por asegurar las necesidades básicas y detener a los traficantes, vemos dos principios en juego una y otra vez:

  1. Los traficantes se aprovechan de la falta de productos básicos - comida y agua, para aprovecharse de los niños vulnerables. Ya sea en el largo camino para conseguir agua, donde un niño se convierte en presa fácil... o entrando en una comunidad e intercambiando comida y dinero por un "trabajo en la ciudad para que su hija trabaje como ama de llaves". Cuando los niños tienen que enfrentarse al reto diario de conseguir comida y agua, eso les pone en peligro.
  2. La falta de alimentos y la imposibilidad de satisfacer las necesidades básicas de sus hijos es uno de los factores que mantiene a las mujeres atrapadas en la trata. Una vez que la víctima de la trata tiene sus propios hijos, se encuentra en la lucha por satisfacer las necesidades básicas de su hijo, perpetuando aún más el ciclo. 

La búsqueda de comida y agua es un arma de doble filo, que obliga a elegir entre la muerte y el cautiverio, opciones a las que ningún padre debería enfrentarse.  Una vez cautivos, quedan atrapados allí mucho tiempo después de haber sido capaces de construir una vida diferente porque carecen de las herramientas necesarias para construir un futuro mejor. Cuando los niños son secuestrados a los 12-14 años y expuestos a años de traumas y abusos, no tienen ninguna posibilidad de un futuro diferente sin intervención externa. No tienen las habilidades necesarias para ganar un salario digno, para mantener a sus familias, incluso si pudieran liberarse.  

Poco a poco, uno a uno, estamos cambiando esa historia.  A través del agua y las comidas, identificando a las poblaciones vulnerables y proporcionando intervención. Ofreciendo atención y apoyo a las mujeres que salen de la trata; así como habilidades laborales y formándolas para que ganen un salario digno. 

Volviendo a la historia de Rebecca, ahora, muchos años después, ella y sus dos hermanos están sanos, educados y son una parte próspera de la sociedad. Hace poco hablé con su hermano y me contó que había empezado a alimentar a los niños de su comunidad porque se veía a sí mismo en ellos. Sabía que, al igual que su vida es diferente, podía contribuir a que la de ellos también lo fuera.  

Los alimentos y el agua son herramientas de construcción de la comunidad y cuando se dan libremente, como parte de una estrategia holística para mejorar las comunidades, se convierten en increíbles herramientas de libertad y vida. 

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