Escrito por: SOS Internacional

¿Recuerda el dormitorio de su infancia? Tal vez aún pueda imaginarse el color de las paredes, la decoración o la forma en que la luz de la mañana entraba por la ventana. Para muchos, las habitaciones de nuestra infancia representaban algo más que un lugar donde dormir. Era un espacio que se sentía seguro y reconfortante. Era un espacio que podíamos hacer nuestro o, si lo compartías con un hermano, un lugar de colaboración.

En SOS hemos visto lo poderosa que puede ser esa sensación de espacio y seguridad. Para los supervivientes de la trata que acuden a los hogares seguros, tener un lugar al que llamar suyo mientras se curan es algo muy importante. Muchas de ellas nunca han tenido esa sensación. Llegan cargadas de miedo, traumas e incertidumbre que ensombrecen cada pensamiento. Aquí es donde entra en juego el poder de hacer sitio: cuando nos asociamos con ellos para dejar espacio para sanar, espacio para la esperanza y espacio para soñar.

Espacio para sanar

La curación tiene un aspecto diferente para cada chica. Cada una llega con su propia historia y cómo la ha marcado, y el camino nunca es fácil. Sin embargo, en nuestros hogares, cada niña se encuentra con un equipo bien equipado y preparado para caminar a su lado y proporcionarle cuidados constantes, orientación y amor.

Uno de los momentos más bonitos que presenciamos es cuando una niña hace suyo su espacio. Para muchas, es la primera vez en mucho tiempo -quizá nunca- que tienen una habitación cálida y acogedora. Un lugar donde puede descansar con seguridad, sin miedo, y día a día empezar a sentir la libertad de simplemente ser. Elegir cómo decorar, ordenar sus pertenencias o simplemente saber que tiene un espacio que le pertenece le ayuda a recuperar una parte de sí misma que le ha sido robada. En ese pequeño acto, comienza la curación.

Espacio para la esperanza

La esperanza a menudo se siente frágil cuando una niña llega por primera vez. Muchas se preguntan si tienen un futuro en el que merezca la pena creer. El peso de su pasado puede hacerles difícil imaginar una vida diferente. Pero cuando les damos la oportunidad de ser vistas, escuchadas y apoyadas, la esperanza empieza a crecer. Aparece en momentos tranquilos, como cuando se devuelve una risa o se comparte una historia. Florece cuando una niña empieza a creer que la vida puede ser buena, que no está definida por lo que le ocurrió y que merece amor, seguridad y oportunidades.

Hacer sitio para la esperanza consiste en dar a las niñas el espacio necesario para creer en posibilidades que quizá nunca hubieran imaginado.

Espacio para soñar

Los supervivientes de la trata en nuestros hogares seguros no están destinados a quedarse con nosotros para siempre. Nuestro objetivo final es prepararles para que vivan una vida plena, libre y con sentido. Para llegar a ese punto, hay que ayudarles a redescubrir sus sueños. Sueños que pueden haber sido silenciados, robados o dejados de lado para sobrevivir.

En estos hogares, los sueños se alimentan cada día. Gracias a la orientación, el apoyo, el estímulo y la libertad suficiente para imaginar cómo podría ser la vida, estos jóvenes supervivientes empiezan a ver un futuro que pueden construir. Empiezan a imaginarse a sí mismos prosperando. Empiezan a creer de nuevo en sí mismos. Hacer sitio para los sueños significa hacer sitio para una vida que se merecen.
Deja sitio a la libertad
A medida que este año llega a su fin, recordamos cuántas niñas siguen esperando un lugar seguro al que llamar hogar, un lugar donde curarse, tener esperanza y soñar. Por eso este fin de año estamos haciendo sitio para la libertad. Para ello, necesitamos $405.000 antes del 31 de diciembre:

  • $270.000 duplicarán la capacidad de Casa Esperanza, abriendo las puertas para que más supervivientes encuentren seguridad, asesoramiento, educación y amor.
  • $135.000 nos permitirán ampliar la libertad a nuevos territorios de América Latina y Asia, lugares en los que ahora mismo se trafica con niños.
 

Cuando das, dejas espacio para la libertad. Haces sitio para que una niña vuelva a creer en sí misma. Haces sitio para que crezca la esperanza, para que se produzca la curación y para que se haga realidad un futuro que antes parecía imposible. Ese es el poder de hacer sitio. ¿Te unirás a nosotros para dar la bienvenida a Casa Esperanza a más niñas que nunca?

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